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48 Mujeres privadas de libertad se gradúan como técnicas del INA y ya cosen los uniformes del CACCO

Formación técnica y trabajo productivo: el modelo que busca abrir puertas laborales al salir de prisión.

Un total de 48 mujeres privadas de libertad recibieron 105 títulos técnicos del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), tras capacitarse en confección industrial, manejo de maquinaria y control de calidad. La formación forma parte del plan Cero Ocio, impulsado por el Ministerio de Justicia y Paz.

Mujeres privadas de libertad confeccionan uniformes para el CACCO

Además de su proceso de formación, las participantes trabajan en un taller penitenciario donde elaboran la vestimenta de los reclusos del Centro de Alta Contención y Crimen Organizado (CACCO). Se trata de un centro destinado a población vinculada a estructuras criminales.

De acuerdo con la información oficial, el taller ya produjo 3.150 uniformes completos, lo que equivale a 6.300 prendas. Cada uniforme está compuesto por dos piezas, confeccionadas íntegramente por las mujeres capacitadas dentro del sistema penitenciario.

Para fortalecer esta labor, el INA donó 22 máquinas de coser industriales y un equipo de planchado a vapor. El equipamiento permite a las participantes trabajar en condiciones similares a las de una planta de confección del sector privado.

Foto cortesía del INA

Formación técnica con miras a la reinserción

Según el Ministerio de Justicia y Paz, la capacitación se brindó «con el objetivo de adquirir conocimientos que les permitan acceder a oportunidades laborales cuando recuperen su libertad». El enfoque apunta a reducir las barreras de empleo que enfrentan las personas tras cumplir su condena.

El plan Cero Ocio busca que la población penitenciaria ocupe su tiempo en actividades educativas, formativas y productivas. La iniciativa combina la enseñanza técnica con labores que generan un producto concreto para el propio sistema carcelario.

La cifra de 105 títulos entregados a 48 mujeres refleja que varias de ellas completaron más de un módulo de formación. En promedio, cada participante obtuvo más de dos certificaciones técnicas avaladas por el INA durante el proceso.

Qué aprendieron las participantes

Las áreas de estudio incluyeron confección industrial, que abarca el corte, ensamblaje y acabado de prendas en serie. Este tipo de producción exige precisión, cumplimiento de tiempos y trabajo coordinado entre varias operarias.

El manejo de maquinaria industrial fue otro de los ejes de la capacitación. A diferencia de las máquinas domésticas, estos equipos requieren conocimientos específicos de operación, ajuste y mantenimiento básico para evitar fallas en la producción.

El control de calidad completó la formación técnica. Este componente enseña a revisar costuras, medidas y acabados, con el fin de que cada prenda cumpla con los estándares requeridos antes de su entrega final.

Un modelo de producción dentro del sistema penitenciario

Foto cortesía del INA

El taller combina dos objetivos: la formación de las mujeres privadas de libertad y el abastecimiento de un insumo necesario para el funcionamiento de otro centro penal. La producción de uniformes atiende una demanda directa del sistema carcelario.

Este esquema permite que las participantes acumulen experiencia práctica en un entorno de producción real. La práctica constante complementa la teoría recibida en los cursos y fortalece las competencias que podrían aplicar en el mercado laboral.

La donación de equipo por parte del INA amplía la capacidad instalada del taller. Con 22 máquinas industriales y un sistema de planchado a vapor, el espacio cuenta con herramientas para sostener un ritmo de trabajo continuo.

El comunicado oficial no detalló el centro penitenciario en el que opera el taller ni el plazo en que se confeccionaron las 3.150 unidades. Tampoco precisó si la producción de uniformes se extenderá a otros centros del país.

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