Editorial - Opinión

¿Crucitas y Gas Natural por Impuestos? Soberanía en Peligro

La economía de Costa Rica se encuentra en una encrucijada histórica. Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) presiona esta semana por la implementación de nuevos impuestos (uno dirigido a los vehículos por emisiones contaminantes y otro ajuste al impuesto de renta empresarial) bajo la premisa de reducir la abultada deuda pública, surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Es el bolsillo de los costarricenses la única fuente de salvación fiscal?

La respuesta corta es no a más impuestos. Costa Rica posee activos enterrados que podrían no solo pagar nuestra deuda, sino catapultar al país hacia un desarrollo de infraestructura sin precedentes. Hablamos de la explotación responsable de los recursos en Crucitas y el aprovechamiento estratégico del Gas Natural.

Crucitas: Lo que perdemos por no decidir

Según datos recientes de Casa Presidencial y el Ministerio de Hacienda, el país pierde aproximadamente $252 millones anuales debido a la minería ilegal en Crucitas. Oro que sale por nuestras fronteras sin dejar un solo colón en las arcas del Estado, mientras el Ministerio de Seguridad invierte $1 millón mensual solo en tratar de contener el desastre ambiental y delictivo en la zona.

Si sumamos a esto el potencial del gas natural —un recurso que el mundo utiliza como «combustible de transición» hacia energías limpias—, Costa Rica podría estar sentada sobre una mina de oro (literal y figuradamente) que haría innecesarios los nuevos impuestos propuestos por el FMI.

Impuestos vs. Riqueza Natural: El dilema del FMI

La receta del FMI es conocida: más carga tributaria para pagar intereses de deuda. Sin embargo, este modelo tiene un límite de resistencia social y empresarial.

  1. Impuesto a vehículos: Golpea directamente la movilidad y los costos de logística.

  2. Nuevo impuesto de renta: Desincentiva la inversión privada en un momento donde la competitividad es clave.

En contraste, la propuesta de utilizar los recursos naturales permitiría:

  • Liberar la deuda pública: El valor del oro en Crucitas se estima en miles de millones de dólares, lo suficiente para reducir significativamente el peso de la deuda interna y externa que hoy consume casi el 4.7% del PIB solo en intereses.

  • Independencia de préstamos: Dejaríamos de pedir dinero prestado para construir carreteras o escuelas, utilizando capital propio generado por la venta de recursos.

  • Inversión en infraestructura: El «oro verde» y el gas podrían financiar el tren eléctrico, la ampliación de la Ruta 32 y la modernización de puertos sin comprometer el presupuesto nacional.

El mito del ambientalismo extremo

El principal obstáculo ha sido un romanticismo ambiental que, irónicamente, ha permitido que Crucitas sea hoy un desastre ecológico por el uso de mercurio en la minería ilegal. Una explotación técnica, moderna y regulada por el Estado no solo protegería el ambiente de mejor manera que la actual anarquía, sino que financiaría la transición ecológica que tanto pregonamos.

Costa Rica no necesita más impuestos; necesita decisión política. La riqueza está ahí, bajo nuestros pies. Es hora de dejar de extender la mano ante los organismos internacionales para empezar a gestionar nuestra propia abundancia.

La soberanía financiera no se alcanza con más deuda, sino con la valentía de aprovechar lo que Dios y la naturaleza le dieron a esta tierra.

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