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«Ya no se puede decir que las mujeres participan en redes criminales porque las obligan», afirma la criminóloga Tania Molina.

La criminóloga y especialista en investigación criminal y seguridad organizacional, Tania Molina, afirmó que la participación de las mujeres dentro de las estructuras del crimen organizado ha evolucionado y ya no puede explicarse únicamente bajo la premisa de la coerción. Sus declaraciones fueron emitidas durante una entrevista en el programa El Octavo Mandamiento, donde analizó la dinámica actual de estas organizaciones.

Según la especialista, en Costa Rica existe una presencia significativa de mujeres que desempeñan funciones administrativas dentro de las redes criminales. En ese contexto, sostuvo que «ya no se puede decir en este país que las mujeres participan en clanes familiares o en el crimen organizado como tal porque las victimizan o porque las obligan. Eso es una falsedad».

«Ya no se puede decir que las mujeres participan en redes criminales porque las obligan», afirma la criminóloga Tania Molina.

Molina explicó que, en muchos casos, las mujeres ocupan posiciones relacionadas con la administración de recursos económicos y la organización interna de estas estructuras. «Hay mucha participación de mujeres en las redes, principalmente no en esa violencia frontal más dirigida a los más bajos eslabones (…), sino en la administración y el conteo del dinero», señaló durante la conversación.

La especialista indicó que estas funciones suelen desarrollarse en entornos familiares donde también conviven menores de edad. De acuerdo con su análisis, los niños pueden crecer observando actividades ilícitas como el manejo de grandes sumas de dinero, el empaquetado de drogas, la presencia de armas y otros comportamientos asociados con organizaciones criminales.

Durante la entrevista, Molina manifestó que esa convivencia cotidiana con actividades delictivas genera un proceso de normalización desde las primeras etapas del desarrollo infantil. A su juicio, esta situación representa uno de los principales desafíos para las políticas de prevención, debido a que los menores incorporan esas conductas como parte de su entorno habitual.

«Se convierte en una cultura toda vez que se normaliza porque es un entorno donde los niños (…) están criándose en estos entornos de normalización de las violencias y entonces ya ni siquiera hay que reclutarlos», expresó la criminóloga al referirse a las consecuencias sociales que, según su criterio, produce la exposición constante a estos ambientes.

Las declaraciones fueron emitidas en el marco de un análisis sobre el crecimiento del crimen organizado y su impacto en las comunidades. Molina enfatizó que el fenómeno debe abordarse desde una perspectiva integral, considerando tanto la participación de distintos integrantes de las organizaciones como las condiciones sociales y familiares que, según expuso, favorecen la reproducción de estas dinámicas entre nuevas generaciones.

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