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Chaves temía entregar el mando Ariel Robles, Claudia Dobles y Álvaro Ramos: «Sería un hombre miserable»

A escasas 111 horas de que el reloj marque el fin de su mandato, el presidente Rodrigo Chaves Robles ha ofrecido una entrevista que no solo sirve de despedida, sino de manifiesto de guerra contra el sistema que, según él, intentó asfixiar su gestión. Con un estilo que él mismo define como «gerencial», Chaves se retira de Casa Presidencial dejando un país polarizado, una economía con números récord y una relación institucional con el Poder Judicial y el Congreso que se encuentra en su punto de máxima ebullición.

El concepto de la «Presidencia Gerencial»
Para Chaves, el ejercicio del poder en Costa Rica ha sido históricamente malinterpretado por sus predecesores. El mandatario sostiene que la mística del «líder del Olimpo» es una fachada que oculta la ineficiencia. Al ser consultado sobre la esencia humana de portar la banda presidencial, Chaves fue tajante al desmitificar el cargo.

 

Chaves temía entregar el mando Ariel Robles, Claudia Dobles y Alvaro Ramos: «Sería un hombre miserable»

“Ser presidente es un trabajo gerencial. Ser presidente es entender qué ruta quiere usted y cómo organizar a los equipos, los presupuestos, las fechas, límites, quién hace qué, para cuándo y con qué. Eso es ser presidente. Yo tengo la impresión de que otros se creían seres del Olimpo, grandes líderes”.

Esta visión pragmática ha sido el motor de su administración, una que se ha enfocado en resultados medibles sobre las formas diplomáticas tradicionales. El presidente insiste en que, a diferencia de otros que alegaban «ingobernabilidad», él demostró que sí se puede gobernar si se tiene la voluntad de ejecutar.

La guerra frontal contra el Poder Judicial: «Un cáncer institucional»
El punto más polémico y que promete marcar el debate jurídico de los próximos años es su ataque frontal a la Sala Constitucional. Chaves no se limitó a criticar fallos específicos; cuestionó la existencia misma de la Sala IV dentro de la estructura actual, acusándola de ser un «Senado» de facto que legisla sin haber sido electo por el pueblo.

“Como decía mi abuelita, mírela, aquí hay un Senado que es una guardia pretoriana de los intereses más oscuros de esta patria. Se llama la Sala Cuarta, y eso limita la capacidad de gobernar, y es un Senado porque formula legislación sin ninguna legitimidad democrática”.

El mandatario fue más allá, utilizando términos médicos y biológicos para describir lo que considera una metástasis en el sistema de justicia costarricense. Su propuesta es radical: extraer la Sala Constitucional del Poder Judicial y fragmentar el sistema para generar pesos y contrapesos reales.

“Eso es desarmar el Poder Judicial como lo conocemos. Absolutamente. Eso es un cáncer, es un monstruo… Esa es la debilidad más grande de nuestra sociedad y de nuestra democracia”.

Autocrítica y el «error de juicio» con el Legislativo
A pesar de su imagen de hierro, Chaves dedicó un espacio a la reflexión sobre sus tácticas políticas. Sorprendentemente, su mayor arrepentimiento no radica en el tono de sus discursos, sino en haber creído que la negociación tradicional con la «vieja guardia» legislativa era posible. El mandatario calificó de «error de juicio» sus intentos de acercamiento con Rodrigo Arias Sánchez, presidente del Congreso.

“Yo cometí el error de juicio de llevar a cenar a Rodrigo Arias, de ir a las reuniones, a la asamblea, para hablar de criminalidad con Patricia Solano, Dinora Barquero, Rodrigo Arias y toda esa gente. Yo creí que valía la pena tratar de persuadirlo”.

Chaves relata que el punto de quiebre ocurrió cuando, en plena ruta hacia una actividad de seguridad nacional, recibió la noticia de que sus proyectos de ley serían archivados sin siquiera ser leídos. Ese momento, según el mandatario, fue el «punto de inflexión» donde decidió abandonar la diplomacia y acudir directamente al «pueblo» para denunciar lo que ocurría en Cuesta de Moras.

La sucesión: El alivio de entregar a Laura Fernández
La sombra de la sucesión presidencial es otro de los temas que Chaves abordó con crudeza. El mandatario no ocultó su desprecio político por las figuras de oposición, llegando a afirmar que su bienestar emocional dependía directamente de quién resultara electo para sucederlo. La victoria de Laura Fernández Delgado es, para él, la validación de su modelo.

“Yo sería un hombre miserable si tuviera que ir en pocos días, el 8 de mayo, a entregarle el poder a Ariel Robles o a Claudia Dobles o al mismo Álvaro Ramos. Porque yo sé lo que está pasando en este país… y yo creo que hubiera sido un retroceso enorme”.

Para Chaves, la continuidad representa la protección de los logros económicos que defiende con vehemencia. Citó la mejora en la distribución del ingreso, el rescate financiero del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y la transición de los bonos del país de «chatarra» a grado de inversión como pilares que solo su línea política puede sostener.

El enigma de las visas y el futuro personal
Uno de los momentos más tensos de la entrevista fue el cuestionamiento sobre la revocación de visas estadounidenses a prominentes figuras políticas de la oposición, como Rodrigo Arias. Aunque Chaves no confirmó ni desmintió su intervención, su respuesta fue un ejercicio de alta política y ambigüedad calculada que dejó claro que, en el tablero internacional, se siente un jugador de peso.

“Si ese es el caso, efectivamente, yo soy el presidente más poderoso que ha tenido Costa Rica con respecto a la nación más poderosa del mundo. O más influyente. Y si no es el caso, quiere decir que los Estados Unidos sabe quién en realidad es Rodrigo Arias”.

Finalmente, al cerrar el capítulo de su presidencia, Chaves dejó claro que el descanso no está en sus planes inmediatos. Aunque el 8 de mayo dejará de ser el jefe de Estado, su energía y su red de contactos sugieren que seguirá siendo un actor gravitante en la política nacional.

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“Lo que yo le puedo decir a usted es primero muchas gracias y yo no me veo de vagabundo. Yo puedo disfrutar una semana de descanso, pero hay algo… en la que yo no veo a Rodrigo Chaves sentado leyendo el periódico en la mañana… Algo buscaré”.

Chaves se marcha con una popularidad que desafía los libros de texto y con una advertencia implícita: su salida de Casa Presidencial no es el fin de su historia, sino quizás, el inicio de una nueva etapa de influencia desde otros frentes de batalla.

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