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Rendición de cuentas: Alvarado cerró puertas, Chaves las abrió de par en par

La historia reciente de Costa Rica registra un cambio drástico en la metodología de las sesiones del Consejo de Gobierno. Entre 2018 y 2024, el país ha pasado de un modelo de gestión hermético a uno de exposición masiva y participación.

Durante la administración de Carlos Alvarado Quesada (2018-2022), la tónica predominante fue la cautela institucional. Las sesiones se caracterizaron por realizarse en formatos cerrados, con acceso limitado y, en la mayoría de los casos, estrictamente bajo invitación oficial.

Rendición de cuentas: Alvarado cerró puertas, Chaves las abrió de par en par

Este estilo de gobernanza se replicó en puntos estratégicos y simbólicos del país. En regiones como Puntarenas, Cartago y Limón, las sesiones se llevaron a cabo sin apertura al público general, limitando la interacción a funcionarios e invitados previamente definidos.

Analistas señalan que el modelo de Alvarado priorizaba el resguardo y el orden protocolario en sedes institucionales. No obstante, este enfoque generó críticas sobre la distancia percibida entre las decisiones de Zapote y las necesidades reales de las comunidades periféricas.

Con la llegada de Rodrigo Chaves Robles a la presidencia, la estrategia dio un giro de 180 grados. El actual mandatario decidió trasladar los Consejos de Gobierno directamente a las comunidades, eliminando las barreras físicas que separaban al gabinete del ciudadano común.

El enfoque de Chaves se centra en actividades abiertas, donde la rendición de cuentas se realiza frente a miles de personas. Este cambio busca democratizar el acceso a la información gubernamental y permitir que el pueblo observe el proceso de toma de decisiones.

Recientemente, esta metodología culminó en una sesión masiva en la Hacienda Santa Rosa. Allí, el mandatario cerró uno de sus últimos Consejos de Gobierno con una nutrida presencia ciudadana, consolidando lo que sus seguidores definen como un «estilo de gestión pública transparente».

El contraste es evidente: mientras Alvarado apostó por el «formato cerrado y fuerte resguardo», Chaves ha preferido la «participación ciudadana y rendición de cuentas». Ambas visiones reflejan filosofías opuestas sobre cómo debe interactuar el Poder Ejecutivo con sus gobernados.

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Esta transición ha generado un intenso debate en la opinión pública sobre la eficacia de cada modelo. Algunos defienden la sobriedad del pasado, mientras otros celebran el dinamismo de las plazas públicas actuales como un ejercicio necesario de democracia directa.

Finalmente, el legado de estas formas de gobernar marcará el camino para futuras administraciones. El país ahora evalúa si el Consejo de Gobierno debe ser un acto administrativo privado o un evento de comunicación masiva en el corazón de las comunidades.

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