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Laura Pausini hizo vibrar el Estadio Nacional, con llenazo y le mando mensaje a las personas cabronas

La noche del 29 de abril de 2026, el Estadio Nacional de Costa Rica se transformó en el epicentro de un fenómeno musical sin precedentes. Laura Pausini, la icónica voz italiana, regresó a San José para ofrecer un espectáculo que desafió las etiquetas convencionales del pop internacional.

Durante tres horas consecutivas, la intérprete no solo repasó su vasta trayectoria de 32 años, sino que asumió un rol de curadora artística. El evento destacó por una narrativa visual y sonora donde la música fue el puente de unión entre diversas generaciones.

Laura Pausini hizo vibrar el Estadio Nacional, con llenazo y le mando mensaje a las personas cabronas

La producción del concierto se diferenció por su dinamismo y el uso de simbologías potentes a través del vestuario. Pausini lució trajes que emulaban armaduras y coronas, presentándose ante su audiencia costarricense como una «guardiana del arte» en tiempos modernos.

En el despliegue escénico, la artista fue enfática sobre su misión actual en la industria. Según sus propias palabras durante la velada, su propósito fundamental es el de “ser defensora del arte, de la pasión y la inspiración” ante su fiel comunidad global.

El repertorio fue una de las sorpresas más comentadas por los asistentes, ya que trascendió sus propios éxitos radiales. La italiana incluyó versiones de figuras tan variadas como Shakira, Mecano, José Luis Perales, Alejandro Sanz, Gloria Estefan y, sorpresivamente, Bad Bunny.

Esta selección de temas, extraída en parte de su proyecto Yo canto 2, permitió a Pausini explorar géneros como la salsa y el rock setentero. La versatilidad de su registro vocal fue el hilo conductor que mantuvo la coherencia entre baladas clásicas y ritmos urbanos.

Uno de los momentos más simbólicos ocurrió durante la interpretación de la emblemática pieza Hijo de la luna. La cantante apareció coronada y sosteniendo a un niño de piel en sus brazos, una imagen que cargó el estadio de una atmósfera mística y solemne.

Además de los tributos, Pausini deleitó a sus seguidores con himnos personales como Escucha tu corazón y Entre tú y mil mares. También incluyó material contemporáneo de su catálogo, como El primer paso en la luna, manteniendo el equilibrio entre nostalgia y actualidad.

La interacción con el público fue constante y orgánica, rompiendo la barrera entre el escenario y la grada. En un gesto de apertura internacional, la italiana invitó a fanáticos de diversas nacionalidades a subir a la tarima para compartir un momento de celebración.

La tecnología también jugó un papel crucial en la narrativa de la noche josefina. La aparición virtual de Ricky Martin para interpretar a dúo Livin’ la vida loca inyectó una dosis de adrenalina que aceleró el ritmo cardíaco de los miles de asistentes.

Hacia el final del encuentro, la espontaneidad tomó el control cuando Pausini notó que el tiempo reglamentario se agotaba. Decidió acelerar la dinámica para no dejar fuera ningún tema prometido, manteniendo la energía del recinto en su punto más álgido.

Para el cierre, la artista optó por un tono de pureza visual al vestir completamente de blanco. Interpretó Bachata rosa, de Juan Luis Guerra, rindiendo un respetuoso homenaje a los sonidos caribeños que han influenciado su carrera a lo largo de las décadas.

Finalmente, la despedida llegó con los acordes de Mariposa Tecknicolor de Fito Páez. Fue el cierre perfecto para una noche que no solo celebró a una artista, sino al vínculo indestructible que Laura Pausini ha construido con Costa Rica y la música.

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