Miguel Guillén: «Convertir al exmandatario en un ‘superministro’ no ordena el gobierno, lo captura»
Miguel Guillén del Partido Liberación Nacional PLN señala que el nombramiento de Rodrigo Chaves como Ministro de la Presidencia y Hacienda por parte de la presidenta electa, Laura Fernández, representa una «subordinación política». Esta decisión ha generado reacciones inmediatas en el bloque opositor, marcando el tono de la relación entre el próximo Ejecutivo y el Legislativo.
Miguel Guillén: «Convertir al exmandatario en un ‘superministro’ no ordena el gobierno, lo captura»
Guillén sostiene que la estructura planteada para la administración entrante no refleja una continuidad democrática, sino un esquema de dependencia. Para el líder liberacionista, el nombramiento de Chaves como jerarca de la Presidencia y Hacienda representa un desafío a la autonomía del mandato otorgado por los electores.
«No es continuidad: es subordinación política», manifestó Guillén de forma tajante al analizar la conformación del equipo de trabajo. Según el político, el pueblo costarricense eligió a una nueva presidenta con mandato propio y responsabilidad individual, aspectos que considera diluidos con el actual diseño operativo.

El secretario del PLN argumenta que colocar al exmandatario como eje central del gabinete equivale a «vaciar de contenido la decisión soberana de las urnas». A su criterio, esta acción sustituye el liderazgo natural que debería ejercer Fernández Delgado por una tutela directa de su predecesor.
En un contexto de tensiones previas entre los distintos poderes de la República, el PLN advierte sobre los riesgos de mantener estilos confrontativos. Guillén enfatiza que insistir en esquemas de gestión que generaron cuestionamientos institucionales en el pasado no contribuye a la gobernabilidad del país.
«Convertir al exmandatario en un ‘superministro’ no ordena el gobierno, lo captura; no construye diálogo, lo cancela», afirmó el vocero opositor. Estas declaraciones sugieren que la oposición mantendrá una vigilancia estrecha sobre el grado de independencia que ejercerá la nueva jefa de Estado.
Desde la perspectiva de Liberación Nacional, esta configuración ministerial clausura una nueva etapa política antes de que comience formalmente. Para Guillén, el mensaje enviado a la ciudadanía es negativo para la salud de la vida republicana costarricense y la renovación necesaria de liderazgos.
El análisis del secretario general apunta a que la repetición de figuras en el poder central podría desviar el enfoque del servicio público. «Cuando el poder no se renueva, se repite; y cuando se repite sin límites, deja de servir al país», puntualizó el político en su comunicado oficial.
Por su parte, el sector oficialista defiende la experiencia técnica de Chaves para ocupar las carteras de mayor peso fiscal y político. Argumentan que la crisis económica y los proyectos de infraestructura pendientes requieren de una ejecución inmediata sin curvas de aprendizaje prolongadas.
Sin embargo, para la oposición, el gobierno de Laura Fernández Delgado «inicia con el freno de mano puesto» debido a esta centralización de funciones. El debate queda abierto mientras los distintos sectores sociales analizan cómo influirá esta bicefalia en la toma de decisiones del próximo cuatrienio.

La situación plantea un reto para la presidenta electa, quien deberá demostrar en la práctica su capacidad de mando frente a las críticas. El cumplimiento de las promesas de campaña dependerá, en gran medida, del equilibrio que logre establecer dentro de su propio consejo de gobierno.
Costa Rica se prepara así para un traspaso de poderes donde la independencia administrativa será el tema central de la agenda legislativa y mediática. La neutralidad en el manejo de los fondos públicos y el respeto a la institucionalidad siguen siendo las mayores demandas de la población.





