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México ataca al CJNG y desata una incógnita explosiva para Trump

La muerte de Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes en un operativo militar en Jalisco sacudió a México y a Washington. La acción, largamente exigida por el presidente de Estados Unidos, abre un nuevo capítulo en la guerra contra el narcotráfico, pero también expone a ambos gobiernos a riesgos políticos impredecibles.

Durante meses, el presidente Donald Trump había puesto presión directa sobre México. Su advertencia fue pública y frontal: el país debía perseguir a los poderosos capos de la droga o Estados Unidos actuaría por su cuenta. La respuesta llegó con una operación que terminó con la vida del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones criminales más violentas y expansivas del continente.

México ataca al CJNG y desata una incógnita explosiva para Trump

El gobierno mexicano confirmó que Oseguera murió tras un tiroteo con el Ejército. Sin embargo, el operativo desencadenó una ola de violencia que dejó más de 25 miembros de las fuerzas de seguridad muertos en ataques posteriores atribuidos al cartel. En paralelo, escenas de caos se multiplicaron en zonas turísticas como Puerto Vallarta, donde ciudadanos estadounidenses reportaron haber quedado varados entre bloqueos y disturbios.

La presidenta Claudia Sheinbaum defendió la operación y prometió restablecer el orden. Su decisión marca un giro político tras un año de intensa presión de Washington. Trump, lejos de mostrarse satisfecho, redobló la exigencia. “¡México debe intensificar sus esfuerzos contra los carteles y las drogas!”, escribió en redes sociales.

México ataca al CJNG y desata una incógnita explosiva para Trump. Imagen de CNN.

La relación bilateral ya estaba tensada. En enero, Trump declaró en el programa “Fox and Friends”: “Somos muy amigos de ella, es una buena mujer. Pero los carteles gobiernan México. Ella no gobierna México”. Esa frase sintetiza la narrativa que el mandatario ha construido: una guerra frontal contra los carteles como extensión de su política de seguridad nacional.

Hace un año, el Departamento de Estado designó a ocho pandillas y carteles latinoamericanos como organizaciones terroristas extranjeras, incluyendo al CJNG. Desde entonces, el Pentágono intensificó operaciones contra lo que describe como “barcos narcotraficantes” en el Caribe y el Pacífico. La administración ha calificado a al menos 151 personas muertas en esos operativos como “combatientes ilegales”, mientras críticos en el Congreso y organizaciones de derechos humanos denuncian violaciones al debido proceso y al derecho internacional.

El caso mexicano, sin embargo, es distinto. La muerte de Oseguera podría aliviar temporalmente la presión política sobre Sheinbaum, quien llegó al poder en 2024 prometiendo revisar las políticas de seguridad. Pero también abre interrogantes: la historia demuestra que la captura o eliminación de grandes capos no desmantela las estructuras criminales. Por el contrario, suele generar vacíos de poder y guerras internas.

El analista David Mora, del International Crisis Group, advirtió que la acción “generará inestabilidad no solo dentro de la estructura del cartel de Jalisco, sino también en relación con otros grupos criminales más pequeños”. El riesgo es claro: más violencia, más fragmentación y mayor presión social.

Para Trump, el cálculo tampoco es sencillo. Las amenazas de mano dura son populares entre su base republicana, especialmente en un contexto marcado por la crisis del fentanilo. Oseguera era objeto de una recompensa de US$ 10 millones de la DEA por su papel en el tráfico hacia Estados Unidos. El representante Dan Crenshaw escribió en X: “este es el comienzo de la guerra contra el cartel más violento y desquiciado de México”. El senador Ted Cruz añadió: “México ha dado un giro radical, y esto es una clara muestra de ello”.

Pero la violencia desatada puede tener efectos colaterales. Cientos de estadounidenses varados en destinos turísticos saturaron al Departamento de Estado con solicitudes de ayuda. Natalie Belluccia, una turista de Nueva York, describió el ambiente como una “zona de guerra” y afirmó: “Siento que el cartel está un poco enojado por la participación de Estados Unidos. Creo que el Gobierno debería habernos advertido de alguna manera”.

Imagen de CNN.

Si la percepción de caos se asocia a la presión de Washington, la narrativa podría volverse en contra de Trump. Más aún si la violencia afecta la economía mexicana o eventos internacionales como la organización de la Copa Mundial de la FIFA en territorio mexicano.

El dilema es estructural. La eliminación de un líder puede fortalecer el discurso político a ambos lados de la frontera, pero no garantiza una reducción del flujo de drogas ni del poder corruptor de los carteles. Además, cualquier escalada prolongada podría erosionar la estabilidad regional.

La muerte de “El Mencho” no es un punto final. Es, posiblemente, el inicio de una nueva fase en una guerra que trasciende fronteras y que pone a prueba la estrategia de seguridad de dos gobiernos. El impacto político —en México y en Estados Unidos— apenas comienza a medirse.

Con información de CNN.

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